12 jul. 2012

#Efemérides: Hoy The Rolling Stones: celebran 50 años de una gran historia

Hoy 12 de julio se conmemora el debut en vivo de la impetuosa banda británica


El más grande legado de los Rolling Stones ha sido su música y eso ya no tiene ninguna discusión. Pero hubo y hay más. En torno de ellos -la banda que entre aguante, muertes y deserciones ha estado integrada por Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts, Bill Wyman, Brian Jones (desaparecido en 1969), Mick Taylor y Ron Wood- ha habido kilómetros de tela de donde cortar. Y hoy, 50 años después de su debut, está claro que aquellos retazos que construyeron la contracultura 'estoniana' son tan importantes como la música en sí.

Dice la historia que todo empezó el 12 de julio de 1962. En el londinense Club Marquee, Mick Jagger, Keith Richards, Brian Jones, el pianista Ian Stewart y dos músicos invitados ofrecieron su primer concierto como The Rollin' Stones. Meses después llegaron Bill Wyman y Charlie Watts, y, así, pasaron a llamarse The Rolling Stones (con la 'g'). Y ahí fue.

Desde entonces y hasta hoy, han sido la quintaesencia del rock, es decir, de la transformación. Más allá de su música -referencia obligada para definir el género-, que le ha dejado a la humanidad álbumes considerados entre los mejores de todos los tiempos, los Stones han sido física y espiritualmente el fundamento del rock.

En el plano físico, sus rostros y cuerpos -en especial los de Jagger y Richards- han sido la personificación de la especie. Un buen día, el rock quiso ser humano y encarnó en ellos. La escualidez, los movimientos, la afectación, los trapos y la trompa estirada son clichés roqueros por los Stones.

Y espiritualmente, porque cuando el productor Andrew Loog Oldham decidió convertirlos en patanes sexies, nació una revolución: el paradigma del antiestablecimiento, que, paradójicamente, terminó con un Mick Jagger megaburgués con el título de Sir.

En los 60, los Stones fueron la bandera de la rebeldía, la sexualidad y el escándalo relacionado con las drogas. Y funcionó. Con humor e inteligencia, y algunas veces con portentosa seriedad, contribuyeron decididamente a la transformación de los tiempos.

"Nuestra generación está creciendo con nosotros y cree lo mismo que nosotros; por eso, cuestiona algunas de las inmoralidades que la sociedad de nuestros días tolera: Vietnam, la persecución de los homosexuales, la ilegalidad de las drogas. Creemos que no puede haber evolución sin revolución", manifestó el guitarrista Brian Jones en 1967.

Y la sublevación, de alguna manera, se logró. La incisiva presencia de los Stones, sustentada en las letras de sus canciones y en el eco liberatorio de su sonido, rompió con varios tabúes y abrió ventanas que hoy todos agradecemos: la informalidad, la liberación femenina (con la píldora como punta de lanza) y la legalización. "Yo no tengo problemas con las drogas; en realidad, tengo problemas con la policía", aulló un buen día Keith Richards.

De hecho, esa postura de "sexo, drogas y rock and roll", de vivir a plenitud de la música, de decir lo que se le dé la regalada gana, de ser una celebridad, de rodar y, si se quiere, de ser miembro del jet set -como siempre le encantó a Sir Mick-, fue patentada y sublimada por los Stones. Y con ello inspiraron, inspiran e inspirarán a miles de jóvenes, incluso en el negocio del rock, del cual son maestros. Bien lo dijo Jagger: "No deja de tener gracia el que nos vean comportándonos lo mejor que sabemos, luego de que se nos ha galardonado por años de mal comportamiento".

Y tampoco hay que olvidar que gracias a ellos, a la obsesión de Jagger y Richards por ser las megaestrellas que son, el show del rock (ese entretenimiento que ha atravesado tantas vidas) se convirtió en otra cosa desde los años 70. Escenografías, luces y sonidos se hicieron cada vez más espectaculares gracias a los Stones. ¡Que venga otra gira! ¡Larga vida al rock!

A fuerza de discos, tarima, declaraciones y fiestas, The Rolling Stones agigantaron la cultura del rock y transformaron las últimas cinco décadas de nuestras vidas.

Debe ser por eso que hoy, 'calavéricos', arrugados y sonrientes, se exhiben sin pudor con un lindo cartel colgado en el pecho que dice: "Se puede llegar a viejo cagado de la risa, rico, famoso, glorioso, en tenis, en franela y con muchos buenos cuentos que contar".

Diez de sus 26 álbumes son claves

La discografía esencial de la banda inglesa

Aftermath (1966)

Este catálogo de '¿quieres ser un chico malo?' fue el primer álbum compuesto, íntegramente, por canciones originales. No más 'covers'. La graduación.

Beggars Banquet (1968)

Inició la serie de cuatro discos que se considera la cumbre de su obra. Regreso a las raíces tras el muy regular 'Their Satanic Majesties Request'.

Let It Bleed (1969)

Todas las canciones son buenas. Marcó el inicio de la etapa de Mick Taylor como guitarrista -en reemplazo de Brian Jones- y es, quizás, el más sólido de todos.

Sticky Fingers (1971)

Mezcla sabrosa de 'country' y 'blues'. Se enfoca en temas como la esclavitud, el sexo interracial y las drogas. Un clasicazo que introdujo el logo de la lengua.

Exile on Main St. (1972)

Grabado en la casa que Richards alquiló en el sur de Francia -de lo cual hay un documental hermoso-, es considerado el trabajo supremo de la banda.

Black and Blue (1976)

Aparece el guitarrista Ron Wood como miembro y nacen como productores The Glimmer Twins (Jagger-Richards). Patanería de disco y 'reggae'.

Some Girls (1978)

Una pieza enérgica, medio 'punketa' y rocanrolera, repleta de humor y fundamental para cuando uno quiera meterse una buena zapateada.

Tatoo You (1981)

Entrañable y lleno de buena onda. De lo mejor de la banda. Están las supercanciones 'Start Me Up', 'Waiting on a Friend', 'Little T&A' y 'Hang Fire'.

Voodoo Lounge (1994)

Demostró que el espíritu 'stone' estaba vivo. Fue el primer álbum sin el bajista Bill Wyman. 'I Go Wild' sigue siendo ideal para 'volear' la franela sin consideración.

A Bigger Bang (2005)

El álbum 26 de su carrera es el mejor desde 'Tatoo You'. Puro 'blues', R&B y rock. Probaron que basta con concentrarse en ser los Stones... y ya está.



MAURICIO SILVA GUZMÁN
El Tiempo